Cuando la cultura importa: mi visita a Ovalle

-.Por Minga Desértica.-

A finales de enero recibí una buena noticia. Había ganado una convocatoria y sería la primera expositora de la cartelera 2026. Pero no era cualquier espacio el que me abría sus puertas: era la Corporación Cultural Municipal de Ovalle, en la región de Coquimbo, a 6 horas en bus de donde vivo. Rápidamente el equipo de la corporación planificó el traslado de mis obras, me enviaron los pasajes y tuve algunas llamadas para confirmar el trabajo del montajista. Al llegar a la ciudad me recibieron y llevaron a la Galería Homero Martínez Salas (HMS) donde vi un GRAN lienzo que anunciaba mi exhibición. Desde ese mediodía hasta 24 horas después todo se agolpó, porque esto era más grande de lo que pensaba. En esta visita a Ovalle, el equipo de la Galería HMS me mostró que la cultura importa, y lo hizo a otro nivel.

Una serie de eventos afortunados

Cerca del centro de Ovalle se encuentran dos edificios de la Corporación Cultural Municipal: El Teatro y la Galería HMS. Cada uno posee salas y espacios donde se realizan desde talleres y actividades formativas, hasta funciones de teatro, música y cine. Y hasta aquí podría decir que es similar a otras instituciones a lo largo del país, pero algo había de diferente. Un día llegaron a mi departamento para hacer un video de RRSS, y a la semana después el mismo montajista (Abel) fue a buscar las obras y las cargó tranquilamente en el vehículo (que también manejaba él). ¿De dónde viene este cuidado? ¿Desde cuándo van a tu casa, a documentar brevemente tu trabajo artístico?

Al llegar marzo mi cabeza se nubló un poco, así que olvidé esos cuestionamientos y armé mi mochila el día antes del viaje. Me preocupé más de llevar 3 libros que de mi outfit (no andaba muy alegre), y cuando ya estaba por llegar a la ciudad, solo pensaba en comer lo primero que pudiera comprar. Pero no alcancé… Me invitaron a almorzar, lo cual se repetiría hasta el día siguiente. Debo decir que amé cada bocado de mi plato, además de la grata conversación. Pero… si comer y compartir en el trabajo es algo francamente normal, ¿por qué es algo que había obviado?

La noche de “Narraciones” en la Galería HMS

Ya habiendo comido podía revisar los detalles del montaje. Porque claro… había dicho que escribiría en las paredes fragmentos de 4 “Narraciones” para interactuar con les asistentes (sino, ¿qué gracia tendría una exposición que promete narrar y que luego no diga nada?). Quería jugar con la imaginación de la audiencia en esta exhibición que traía diferentes materialidades (pintura, collage textil, escultura y objetos) mediante breves texto que complementaran el trabajo visual. Así que me tocaba escribir en la pared, con calma, y con algo de gracia. Y luego de eso, esperar hasta la noche del evento.

Recuerdo que descansé una hora en el Hotel (otro detalle del equipo de gestión) frente a la Plaza de Armas de Ovalle. Quería aprovechar mi visita y había paseado un poco, pero estaba algo agotada. Y cuando cayó el atardecer llegué a la galería HMS… Pero llegué sin entender la enorme afluencia de público que conversaba alegremente en el patio del recinto, adornado con luces y con un escenario bien montado. Luego vinieron las palabras de rigor de las autoridades, y entonces hablé, hablé, y hablé con todo el mundo que me abordaba.

A lo lejos escuchaba música. La cantante Fernanda Ravanal era parte de esta fiesta, y lamenté no poder verla directamente, pero me fue imposible salir de la galería. Si no fuera por Nicolás Hermosilla (el gestor de todos mis movimientos en Ovalle), no habría podido brindar, porque pasé de la cuña periodística de una radio local a una familia, y luego a otra, y por ahí dos amigas, y después un grupo de jóvenes escolares. ¿Quién podría quejarse de esa multitud? La verdad es que no pensé que podría ser famosa por una noche.

Cuando la cultura importa

Al día siguiente tenía programada una actividad con visita guiada. Expliqué un poco de mis narraciones y comenté detalles de mis exploraciones estilísticas. Hablé de los elementos escondidos en las sombras (en la sección de “13 Relatos (sinceros)”), de los patrones de una revista vieja, y de cómo el color es tan narrativo como los personajes y su entorno. Luego visité el Teatro y tuve momentos breves aunque bastante reveladores con el equipo de la corporación cultural.

Hablé con una periodista, un grupo de audiovisuales, otro de diseñadores, y hasta una practicante. Eran varias personas, varios roles, varias acciones. Así supe de la cartelera de teatro que venía y de las entradas que pronto iban a distribuirse. Vale la pena decir que no porque algo sea gratuito para la comunidad significa que vaya a prescindir de su diseño. Y precisamente por eso la gente va, no solo por lo gratuito, sino porque esto VA en serio, esto es especial y todos lo pueden notar.

Todo esto me hizo cuestionar cómo hacemos las cosas. Porque, independiente de dónde salga el financiamiento (pero sí que debe haberlo), la cultura no debiera presentarse como esa alternativa innecesaria que trabaja sin almorzar, que debe pedir permiso para descansar, que da igual si hace las cosas a medias porque no hay suficientes manos. Así mismo las obras no se cuelgan solas, los espacios no se limpian por arte de magia y la difusión no se gana en el mar de las RRSS si no se tiene un plan y gente trabajado en él.

Detrás de cada actividad cultural hay personas que trabajan como en cualquier otra empresa, y los resultados de este equipo eran notables. Porque cuando la cultura importa, abrimos un lugar especial para dialogar, y la comunidad lo ve, lo usa y lo agradece de corazón.